Falta de deseo sexual

Deseo y sexualidad van muy unidos; más todavía que sexualidad y genitalidad; es decir para que haya placer sexual tiene que haber deseo ya que éste es la parte clave para comenzar una relación sexual, y la vivencia del placer a nivel sexual no tiene por qué estar centrado en lo genital; es decir para una relación sexual satisfactoria lo genital no es primordial, pero en cambio es necesario comenzar con el desear.

Realmente la fase de deseo tiene más que ver con lo psicológico que con lo fisiológico, pero sin ella es decir, si no hay deseo no se podrá mantener una relación sexual plena y será displacentera.

Sin embargo es a menudo poco considerado y quizás puede deberse a que aparentemente uno no percibe de forma fácil a nivel corporal si siente o no deseo; no pasa igual, por ejemplo, con la fase de excitación en la que la persona identifica claramente cambios fisiológicos; agitación, erección, lubricación, etc.

La realidad es que es una fase que hace años no era muy tenida en cuenta, posiblemente por esa educación represiva en la que precisamente se “castraba” el deseo o la verbalización del mismo, pero la realidad es que cada vez más personas acuden a consultar a profesionales por este motivo y que les preocupa enormemente ya que la falta de deseo afecta a la vida en pareja y a la vida en general.

La falta de deseo sexual se conoce como “deseo sexual inhibido” y  es más frecuente de lo que pensamos ya que llega a ser de por ejemplo una de cada tres mujeres (Labrador, 1987). La frecuencia es notablemente más alta en las mujeres que en los hombres, pero, como señalaba al principio del artículo, el componente psicológico es el fundamental porque aunque se puede dar un deseo inhibido primario, que sería más de carácter fisiológico, en el secundario es la respuesta psicológica la clave.

Las características de esa falta de deseo, o de no tener apetito sexual en la persona son la falta de atracción por el sexo y por la posibilidad de llevar a cabo relaciones o conductas sexuales. Realmente hay una ausencia de interés por el sexo, aunque la capacidad de respuesta sexual a nivel fisiológico es adecuada y no se presenta ninguna alteración aparentemente en el terreno de respuesta corporal.

Se da entonces una apatía o desinterés que engloba distintos aspectos de lo que es la sexualidad humana como es no sólo mantener relaciones sexuales con otra persona, sino la propia masturbación, la ausencia de deseos sexuales, falta de fantasías y de percepción de atractivo de las personas, etc.

Falta de deseo sexual

La falta de deseo es un problema si genera malestar en la persona o en la relación de pareja. Como señalaba anteriormente pueden afectar notablemente a la pareja y a menudo genera una gran culpabilidad o enfado en uno de los miembros, o en ambos. Hay hombres y mujeres que interpretan la falta de deseo sexual en la pareja como un fracaso de la propia capacidad sexual. Esto es completamente erróneo y requiere el apoyo de profesionales experimentados para afrontar y resolver el problema. La terapia psicológica es de gran ayuda ya que la falta de deseo no es un problema sexual en sí, sino es la consecuencia de una multiplicidad de factores e gran parte psicológicos. Una paciente de casi treinta que acudió a la consulta hace meses vino con un sentimiento de malestar, culpa y ansiedad porque se veía “obligada” a tener relaciones sexuales con su pareja, a pesar de carecer de deseo. El poder profundizar en todo aquel sistema que retroalimentaba la falta de apetito sexual, junto a la búsqueda de vías alternativas para afrontar determinados pensamientos e interpretaciones ha facilitado que su descubrimiento personal y su actividad sexual sea mucho más libre, placentera y sincera.

A través de la psicoterapia es importante determinar todos estos aspectos para que puedan ser evaluados y ver el origen de la falta de deseo sexual. Entre las causas que han podido originar, fomentar o mantener puede haber una autoimagen muy crítica, una autoestima muy baja, un estado depresivo, un alto nivel de ansiedad, dificultades en las relaciones sexuales, problemas de pareja, problemas familiares, respuestas a ciertos traumas sufridos, consecuencia de educaciones o de moralidad rígida que han fomentado creencias de que la sexualidad es algo erróneo, sucio o malo, aburrimiento en las relaciones de pareja, miedos, tras nacimiento de los hijos, etc. También es frecuente que una persona que sufre una disfunción sexual al final acabe desarrollando una falta de deseo sexual por ese sentimiento de frustración y malestar. De esta forma las causas pueden ser diversas pero la realidad es que tienen que ser abordadas por un profesional experto, y la psicoterapia puede ser de gran ayuda.

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Alejandra Luengo

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