Despedimos a Robin Williams con su película «Despertares»

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La muerte de Robin Williams hace unas semanas y homenajeado ayer en los EMMY nos ha traído a la memoria gran número de sus películas, y una se da cuenta que hay actores y actrices que nos van acompañando a lo largo de los años, creciendo y envejeciendo como nosotros. Quizás él fue uno de aquellos que en absoluto pasó desapercibido ya que algunos de sus personajes impactaron en la construcción de la identidad de varias generaciones.

Siempre le vi un semblante triste y sufriente, a pesar de su enorme despliegue de muecas y sonrisas. Me pregunto también de qué forma fue tratando su depresión a lo largo de estos últimos años; si con psicoterapia, con antidepresivos, o combinó ambas, lo cierto es que no lo sé. Señalan que fue la noticia de padecer parkinson lo que le precipitó al suicidio; solo él lo sabe.

En gran parte de sus filmes estaban presentes aspectos y emociones muy humanas con los que todos nos podemos sentir identificados. Además en muchas de ellas se presentaban personas azotadas por traumas, miedos, bloqueos, depresiones, escepticismos, deseos de superación, inquietudes, etc, junto al acompañamiento que tenían para superarlo. Aparecía entonces en muchos de sus filmes la esencia básica para una buena recuperación: El amor y la aceptación, los grandes pilares de la psicología humanista fundada por Carl Rogers y Abraham Maslow.

Desde esa Psicoterapia Centrada en el Cliente, no en el profesional, se destaca la aceptación incondicional, congruencia y empatía, núcleos básicos que cualquier psicoterapeuta debería tener, combinándolo con una formación técnica adecuada. Para mí esos tres pilares se nutren del amor hacia la persona, y no de una mera norma teórica racional alejada del ser humano al que se atiende.

Tengo la sensación de que Robin Williams amaba la mayoría de los personajes que interpretaba; principalmente los dramáticos. Haciendo un breve recorrido por los que a mí más me llegaron destaco: El club de los poetas muertos, El rey pescador (maravillosa), El indomable Will Hunting, pero la que a mí me afectó más en mi vocación profesional fue Despertares.
La película del año 1990, ya han pasado veinticuatro años como si nada, relata la historia de un médico (neurólogo) que en general huye del contacto directo con sus pacientes, y cómo dejando de lado su ego va acompañando el proceso de recuperación y de recaída de los mismos teniendo como centro su bienestar, no desde una perspectiva exclusivamente médica, sino sobre todo humana.

Yo no soy psiquiatra sino psicóloga, pero he acompañado a lo largo de mi vida laboral a personas que sufren un trastorno mental, o que simplemente sufren. En casos de patologías mentales el coordinarte con psiquiatras y trabajar en equipo ha sido absolutamente necesario para una buena evolución del paciente, pero sobre todo lo más importante es conocer a la persona, y quererla como es. Ir más allá del paciente, del expediente, o el número, y recuperar a la persona, que en definitiva es la esencia del ser.

 Se abandona entonces la asimetría donde el profesional es el único que “sana” para abrirse a una relación terapéutica donde siempre hay un intercambio. En la película el doctor puede ser muy competente sobre aspectos neurológicos, pero los pacientes le ofrecen la oportunidad de incrementar sus competencias personales como abordar su ego, su nivel de frustración, su capacidad de relacionarse, sus emociones, etc. Esa es la esencia de una buena psicoterapia, y queda muy bien reflejado en Despertares. No perdáis la oportunidad de verla.

No quiero desvelar una película que merece la pena ser vista. Solo quizás aquí deseo hacer un pequeño homenaje este actor y a aquellos profesionales que se salen de la exclusividad de la medicación para ver detrás de la patología mental, o de cualquier enfermedad, a la persona; con sus sueños, oportunidades y heridas, que como Robin Williams nos ha mostrado, él también las tenía.

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Alejandra Luengo

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