Conciliación laboral y familiar: ¿un espejismo?

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Hace unos días me invitaron a participar en un evento sobre trabajo y conciliación familiar. La verdad es que me resultó muy interesante, sobre todo por los asistentes, que en realidad contaban con la mayor experiencia que se podía tener; ser padres y madres y trabajar con empleo remunerado fuera o dentro del hogar familiar.

Una de las cosas que me llamó la atención, y que no deja de ser un reflejo social de lo que sucede actualmente, es que el ochenta por ciento de los asistentes eran mujeres, y pocas de ellas habían acudido con su marido, a pesar de que todas los asistentes estaban viviendo en pareja.

Esto no es más que una muestra de que el tema de conciliación de trabajo y familia sigue siendo sentido erróneamente como de las mujeres. Seguimos siendo nosotras las que tenemos esa sensación y sentimiento de no llegar a todo, de no saber si hacemos bien al disfrutar con nuestro trabajo, si no es bueno querer trabajar fuera de casa, si nos equivocamos por no estar tanto tiempo con los hijos, si debemos elegir entre una exitosa carrera profesional o la maternidad…Nos fustigamos, y nos fustigan, sin parar.

De hecho, las cifras hablan por sí solas ya que el porcentaje de mujeres desempleadas con titulación universitaria en edad reproductiva es significativamente mayor a la de los hombres. Son ellas las que a menudo renuncian o posponen su carrera laboral ante la maternidad.

En el coloquio que se fue generando pregunté por qué se había decidió seguir trabajando tras ser padre o madre, y la respuesta fue que principalmente por necesidades económicas, pero casi a la par, por su propio deseo. Lo afortunado de este grupo es que todas las personas participantes disfrutaban con su empleo, lo cual a menudo pone más difícil la conciliación, porque cuesta más ponerle límite al trabajo. No era solo el dinero el aspecto primordial de trabajar, sino que se hablaba de realización personal, independencia, relaciones, sentimiento de capacidad…Y es que trabajar implica lograr un sentido de competencia y control personal al elevar el nivel de la familia lo que favorecería un incremento en la autoestima.

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En terapia constantemente aparecen aspectos relacionados con tener hijos y la conciliación con el trabajo, sobre todo por parte de las mujeres.  La visión tradicional de la madre como que era la única figura de apego generaba una especie de diada madre-hijo donde el hombre pasaba a estar en un segundo plano, y la mujer era un  “objeto dador” de satisfacción de necesidades para el bebé. Todos tenemos en mente esa visión de la madre sacrificada, abnegada, casi en un segundo plano, entregada en solitario a las labores domésticas, de crianza y educación sin buscar reconocimiento, y sin a menudo tenerlo. De hecho muchas de ellas atravesaban profundos episodios de depresión durante el crecimiento de sus hijos y su salida del hogar.

De ese momento histórico se pasa a una nueva visión de la madre como un sujeto, independiente del hijo y con intereses y necesidades propias. Desde hace décadas se nos educa para ello “Sé independiente, fórmate, busca un empleo” pero todavía arrastrarnos una serie de creencias muy rígidas sobre lo que supone la maternidad y paternidad. De hecho, una de las asistentes señalaba que no sabía si sus progenitores se habían equivocado al darle un mensaje de modernización como mujer y por otro la realidad con la que se había encontrado que no hacía más que incrementar esa ambivalencia.

Así que como en el coloquio se puso de manifiesto, el conflicto personal está servido. El choque que surge entre el autoconcepto de las mujeres en la actualidad y los estereotipos de feminidad que se siguen teniendo a nivel social tanto por hombres como por mujeres acaban reforzando sentimientos de culpa, minusvalía, depresión, estrés., Es como que el nivel de exigencia que se nos pone es tan alto, y de tal soledad, que es imposible llegar. En vez de poder integrar los deseos maternos y paternos, con aquellos que tienen que ver más con los personales la persona va con la sensación de frustración constante, que como señalaba anteriormente no hacen más que frustrar, culpabilizar, sentir un doble fracaso (“No llego a ser una buena profesional, no llego a ser una buena madre o padre”), impotencia y sentimiento de no competencia.

Una de las participantes señalaba que su madre había sido una mujer dedicada a sus hijos y a la casa, y que eso en algunos aspectos le había gustado, pero que en otros veía a su madre muy dependiente, con muy poca vida interior e intereses, lo que le hacía sentirse muy mal, y que hubiese preferido que su madre hubiese tenido un empleo fuera de la casa; donde poder salir, entrar, y relacionarse con otras personas. De hecho, un caso que acude a terapia es el de una chica que tiene casi veinte años, y cuya madre se ha volcado en su cuidado, dejando de lado sus propias necesidades. Hace unos meses que sus padres se separaron y ella se siente muy agobiada y culpable de hacer su vida habitual al ver a su madre mal y sin tener otras fuentes de apoyo externas.

Así que entonces el planteamiento sería el siguiente; ¿qué podemos aportar padres y madres a nuestros hijos a la hora de trabajar remuneradamente? A los niños y niñas hay que dedicarles tiempo y atención, pero no hace falta estar pegados a ellos. ¿Es la mujer la que tiene que lidiar la batalla de la conciliación laboral/familiar sola? Rotundamente NO. Es una realidad social que nos compete a todos; hombres y mujeres, igual que el proyecto de tener un hijo debe ser decisión de la pareja, y no de uno de sus miembros.

Ser padre y madre es un aprendizaje para la vida, y es una faceta  que puede ser de las más importantes como persona, pero yo considero que no tiene por qué ser la única. Es bueno que un niño vea a un padre y madre que tiene más vida afectiva, relacional, autonomía, objetivos propios, etc que él, porque eso le enseña a “volar” y no quedarse acomodado. Para ello mujeres y hombres tenemos que ir en equipo, porque si no lo hacemos perdemos todos; el padre de poder defender su lugar como figura de apego y protección de sus hijos, y la madre de no sentirse la única figura responsable del cuidado y educación de los menores. Conciliar es para todas las personas. No tiene que ser un espejismo, sino una realidad.

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Alejandra Luengo

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