El miedo escénico, como otros miedos, se trata y se supera

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Hace unos días salió la noticia en prensa de que Pastora Soler, cantante, con una experiencia de casi veinte años; realizando conciertos por todo el país, saliendo ante el público, con una dilata y exitosa experiencia, y estando en numerosos escenarios, dejaba los escenarios debido a su miedo escénico.

Según he leído tuvo que interrumpir una actuación tras sentir que le fallaban las fuerzas. Esta situación según pude saber parece tener su origen en marzo del presente año cuando la cantante sufrió un desvanecimiento y se cayó en mitad de su actuación, que tuvo que suspender. Ella quiso seguir los siguientes meses como si nada hubiese pasado, confiando en que lo podría resolver sin problema, y llevando su vida de forma natural, pero el malestar estaba ahí haciéndose más fuerte.

Ayer, trece de diciembre, Joaquín Sabina acabó su concierto antes de tiempo, señalando que padeció  un ataque de pánico; llevaba tiempo sin actuar, y tuvo que finaliar el concierto señalando que» no se encontraba muy bien».

Muchas personas recurren a lo mismo cuando hay una situación que les genera ansiedad y acaban dándose ánimos de «Tu puedes», «Esto no es nada», «Lo has hecho toda la vida», «No te pongas nervioso..»etc, que son mensajes totalmente intelectualizados y que sirven de poco, por no decir que perjudican más e incrementan el nivel de angustia y de ansiedad de la persona, ya que ésta piensa todo, pero no lo siente así; es decir, no percibe que puede, no se siente segura, no siente que lo que sucede no sea nada, se siente muy pequeña frente a ese hecho, etc, Como señalaba antes, el mensaje intelectual de poco sirve cuando el malestar se está sintiendo y hay unas respuestas emocionales y fisiológicas específicas.

Por eso es imprescindible abordar con un profesional cualquier fobia o miedo a nivel psicológico, y es de gran ayuda en estos casos la terapia EMDR, Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares, que trata todo tipo de dificultades emocionales causadas por experiencias difíciles en la vida que pueden haber generado un tipo de experiencia que acabó condicionando y construyendo una serie de creencias negativas hacia sí misma.

He atendido en terapia a personas que habían conducido toda su vida, hasta que un día tuvieron un pequeño susto; algo que no tenía por qué ser aparentemente traumático, pero que en el inconsciente de la persona quedó grabado, generando el cerebro un análisis e interpretación sobre lo sucedido; muchas veces de manera errónea y disfuncional, de tal manera que a partir de entonces la persona sesgó sus percepciones; tanto de sí misma, los demás, y del mundo. Muchas de ellas no dejan de ser interpretaciones irracionales y erróneas, que acaban limitando al sujeto, marcando su comportamiento y su forma de relacionarse, y generando un elevado sufrimiento difícil de manejar.

La persona que ve su vida limitada y condicionada por un miedo específico que le impide poder seguir con su día a día, sufre, se angustia y se siente muy mal e impotente. Ve como su autoestima se ve debilitada considerablemente y que ella está a expensas de la patología. Pero los traumas vividos se pueden procesar, masticar y superar, y en ello el EMDR, Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares, es una gran herramienta donde la persona no tiene porqué verse inmersa en intervenciones muy largas y lentas, sino al revés los efectos terapeuticos a través de este modelo, logran resultados en cada sesión.

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Hay personas que han acudido a la consulta por un gran miedo a hablar en público, a relacionarse con los demás cuando tenían actividades comerciales, a conducir, a subir a un avión, miedo escénico a la hora de actuar,etc, todo ello les acababa suponiendo consecuencias negativas tanto en su vida profesional como la personal. Este tipo de problemática que impide que puedan ejercer sus actividades cotidianas, no se resuelven de forma espontánea y hay que solicitar ayuda profesional, y más cuando cada vez la evitación hacia diferentes aspectos se incrementa, o cuando la persona acaba realizando la actividad, pero el coste emocional es muy alto y resulta desproporcionado (suda, tiembla, se activa, manifiesta un profundo sentimiento de pánico, etc) y tiene la sensación de que no controla lo que le está pasando, estando a merced de su cuerpo.

Por lo tanto, se pueden abordar fobias, ataques de pánico, duelos o incidentes traumáticos en la infancia, accidentes y desastres naturales, etc, ya que en realidad el EMDR es una terapia muy interativa que permite la conexión de recuerdos a través de la estimulación bilateral, favoreciéndose así llegar a una situación donde se originó el problema, con un control, sentimiento de seguridad y de protección que no se pudo tener en ese suceso original. Así se produce  una sincronización de los hemisferios cerebrales que conlleva el reprocesamiento de la información y la desaparición de la sintomatología. Por ello el psicoterapeuta conduce el proceso, pero el paciente mantiene un papel muy activo en su propia sanación.

En definitiva, el miedo cuando es disfuncional, deja de tener sentido y nos perjudica notablemente. Lo más importante es que se trata, sin tener que depender de farmacología para toda la vida, sino de uno mismo, y eso es lo que más fuerza y poder nos da; el curarnos y ayudarnos para recuperar la seguridad y el sentimiento de protección  y de autovalía en cada paso que damos.

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