Embarazo y cáncer, la dureza de un momento feliz

Embarazoembarazo y cancer y cáncer

La primera vez que conocí un caso de embarazo y cáncer fue hará unos seis años. Miriam era una mujer de cuarenta años, casada hacía tres y deseando tener un hijo. Lo había buscado repetidamente y por fin había llegado la buena noticia. Ella y su pareja estaban totalmente eufóricos.

Habían pasado ya trece semanas tras saber que estaba embarazada cuando un día saliendo de la ducha se notó un bulto entre la axila y el pecho. Le hicieron distintas pruebas y le diagnosticaron cáncer de pecho. Ella y su marido decidieron seguir adelante con el embarazo. Los médicos ya les habían dicho que o bien interrumpían el embarazo y se iniciaría la quimioterapia, o si seguían adelante con el embarazo iba a recibir un tratamiento notablemente más flojo enfocado a tratar de contener el cáncer y que de esa manera protegerían al embrión, pero que ella podría verse perjudicada por no iniciar la quimioterapia.

Cuando llegaron ambos a la consulta recomendados por un amigo suyo ella estaba ya de cinco meses. Se les veía muy ilusionados con el embarazo pero destrozados anímicamente por vivir embarazo y cáncer de forma paralela. Ella, metida en su lucha por salir adelante, se había cerrado en ella misma con un altísimo nivel de ansiedad y dolor que encauzaba a través de mucha rabia que dirigía principalmente contra su pareja, por lo que las relaciones conyugales habían empeorado notablemente. Por su parte él se sentía bloqueado sin saber cómo apoyar y ayudar, sintiendo frecuentemente angustia por no saber cómo terminaría todo, si su mujer sobreviviría, y cómo vendría su hija.

Fueron meses de terapia muy duros al combinar dos cosas tan contrapuestas; embarazo y cáncer manteniendo sesiones con los dos y otras individuales. Los problemas de pareja se habían incrementado y no había comunicación, apoyo, cercanía, relaciones íntimas, etc., pero ambos querían luchar por su relación, así como por su proyecto de familia, y así lo fueron haciendo.

embarazo y cancer1

Tuvieron una hija, Andrea, que nació perfectamente y Miriam empezó el calvario de la dureza del tratamiento de quimioterapia severa. Con todo lo trabajado en la psicoterapia se apoyaron y en ese periodo tan difícil también funcionaron como un gran equipo en pareja.

Dejé de verlos hace ya tiempo pero de vez en cuando piden alguna sesión de seguimiento. Su hija está bien, feliz y crece sana. Ella ha superado el cáncer, aunque le han quedado distintas secuelas físicas y también traumáticas sobre lo vivido, pero lo ha encauzado desde la ilusión de su proyecto familiar y las relaciones de pareja aunque con sus altibajos han mejorado notablemente.

El aspecto emocional cuando sucede embarazo y cáncer

Este caso es uno de aquellos donde embarazo y cáncer viajan conjuntamente por unos meses. En un periodo de alegría, ilusión, sorpresa y activación hormonal como es el embarazo se une algo tan inquietante como es el cáncer, lo que genera una gran crisis personal, conyugal y familiar, donde todos los miembros deben de responder y estar a la altura, cuando la mayoría de las veces no están preparados.

Se cree que aproximadamente 1 de 3.000 mujeres embarazadas sufren cáncer de mama de manera concurrente; la edad de la gestación y el cambio hormonal e el embarazo son factores que pueden influir bastante según los expertos. La necesidad de apoyo afectivo en el embarazo es clave y cuando una persona padece cáncer requiere una atención afectiva muy grande; si las dos situaciones se unen se requiere mucha mayor dedicación y ayuda a todos los niveles. En un caso de embarazo y cáncer considero imprescindible el apoyo psicológico, no solo de la mujer que lo padece, sino también de su pareja, ya que puede sentirse muy colapsado y bloqueado con la situación sin saber cómo apoyar, además es frecuente una confusión en las relaciones de pareja.

En el embarazo hay múltiples cambios hormonales; hay dudas, preguntas, ilusiones y ganas de que salga bien, pero también miedos e inquietudes de que todo funcione. Si a eso le sumamos el padecer un cáncer que genera angustia, incertidumbre, desasosiego porque muchas veces se acaba relacionando cáncer con muerte la combinación es por lo menos desestabilizadora y en parte traumática.

De las pocas mujeres que he atendido y habían vivido una situación como embarazo y cáncer, era muy determinante el estado en el que se encontraba la enfermedad. La gravedad del cáncer que se padecía, y el tiempo de gestación. En los casos donde se llevaba poco tiempo de gestación era necesario posponer el tratamiento con quimioterapia, mientras que cuando se pasaba al segundo trimestre podían recibir un tratamiento y el embrión estar más protegido, pero en todas las situaciones la ansiedad estaba ahí, las ganas de luchar, las dudas, las incógnitas, las preguntas, etc.

Hay mujeres como Miriam que necesitaban quimioterapia de inmediato y les plantearon interrumpir el embarazo. Decisión muy complicada y difícil de tomar ya que un retraso en el tratamiento puede perjudicar a la mujer. Son muchos aspectos a tener en cuenta y la pareja es quien debe de tomarla. Las mujeres y sus familias necesitan comprender totalmente los riesgos y los beneficios de todas sus opciones antes de tomar las decisiones sobre el tratamiento; bastante difícil es de por sí. Hay que plantear todas las opciones de tratamiento que se disponen para tomar las decisiones que consideren.

Por ello, para todas esas mujeres que han vivido o viven momentos de embarazo y cáncer es clave el recibir apoyo de la pareja, de la familia, del personal sanitario y de toda la sociedad en general, ya que embarazo y cáncer presentan desafíos específicos y es importante que haya un enfoque multidisciplinar; no solo médico, sio también psicológico, social, etc.

Para las mujeres es primordial sentirse libres con las decisiones que vayan a tomar, poder comprender y entenderse, ser conscientes de que es normal que estén asustadas, tengan dudas y tengan miedo. Es cierto que el embarazo puede ser ese motor de fuerza e ilusión para afrontar la enfermedad y no darse por vencida, de querer superarse a través de plazos pequeños anteniendo las ganas de vivir y de dar vida.

Cuando una vez pregunté a Miriam por cómo se sentía con Andrea en sus brazos me dijo algo  como: “ Ella me salvó de caer en un pozo. Sentía que crecía dentro de mí y que yo no podía darme por vencida y caer en un hoyo de autocompasión, pararme y dejarme llevar por la desolación. Creo que ella me ha salvado la vida al mantenerme en marcha, en movimiento y deseando verla nacer” Su hija fue fuente de fuerza y lucha.

Muchas de esas mujeres se vuelven heroínas en su lucha y pueden pecar de ponerse una armadura de fortaleza y no mostrar aquellas emociones que pueden tener como angustia, desasosiego, tristeza. Por ello es tan importante poder hablar y comunicar lo que viven, sin darse por vencidas. Luchar pero también sentirse vulnerable no es contradictorio, y es bueno expresarlo ya que nos libera.

psicologosmadridweb.es

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*