Disfunciones sexuales, cuando la mente es un factor clave.

Disfunciones sexuales

disfunciones sexuales

Para acercarnos a las disfunciones sexuales es importante conocer que la respuesta sexual se divide en una serie de etapas, y por tanto, el tipo de alteración diferirá si se da en una fase o en otra. Las fases de la respuesta sexual se dividen las siguientes etapas; la del deseo, la de excitación, la de meseta, orgásmica y resolución por tanto, según la especificidad de la disfunción sexual ésta afectará en una etapa u otra, aunque las disfunciones sexuales suelen darse mayoritariamente por falta de deseo, ausencia de excitación, o incapacidad de alcanzar el disfrute o llegar al orgasmo.

Algunos ejemplos que se pueden encontrar en la consulta de manera frecuente es que no se tenga deseo sexual. Aquí hay que conocer y profundizar en las causas de éste ya que pueden ser multifactoriales, y el componente psicológico tiene mucho peso. Puede ser por un estado de mucha ansiedad, porque se tenga aversión al sexo por alguna experiencia vivida de forma traumática y así se evita, por expectativas irreales hacia lo que es la experiencia sexual, o también porque la persona no haya aprendido a permitirse desear.

Puede que aunque haya deseo sexual la respuesta de excitación no se dé, generándose en la mujer que no se mantenga la lubricación hasta la terminación de la actividad sexual, y en el caso del varón ausencia de erección. Las causas pueden ser muy diversas; ansiedad, estrés, miedos, etc. Frecuentemente me he encontrado en la consulta personas que señalaban que la mente continuamente les ocasionaba no llegar a excitarse y sentir un cierto bloqueo.

También se dan disfunciones sexuales en las que hay mujeres y hombres que no logran tener un orgasmo (anorgasmia) o éste se retrasa mucho, o que la penetración les produce un gran dolor (disparemnia).

En los varones es bastante frecuente disfunciones sexuales como la eyaculación precoz, que es una eyaculación persistente o recurrente en una respuesta a una estimulación sexual mínima, durante poco tiempo después de la penetración, y antes que la persona lo desee. El componente psicológico es muy importante en estos casos y los ejercicios de retraso de la respuesta de erección son de gran ayuda.

El vaginismo, que es poco frecuente en las mujeres, supone una dificultad en poder realizar el coito, ya que parte de los músculos de la vagina se contraen. Las causas mayormente suelen ser psíquicas o bien por experiencias traumáticas, por desconocimiento, malas experiencias que conllevan un deseo inconsciente de evitar la penetración, etc. Recuerdo una mujer que padecía vaginismo después de llevar casada veinticinco años. Las malas experiencias se habían acumulado de tal forma que ya la relación sexual era en sí misma un factor de ansiedad y de malestar. Cuando esta mujer tras su proceso psicoterapéutico pudo comenzar a disfrutar de su sexualidad, se dio cuenta que había sido ella misma una gran desconocida respecto a su propia sexualidad.

Como se pueden apreciar hay múltiples dificultades asociadas a la sexualidad y cada una tiene que analizarse de forma personal, o en la pareja pero lo que está claro es que el factor psicológico es clave en las disfunciones sexuales.disfunciones sexuales1

Cada una de las disfunciones sexuales anteriores provoca en la persona mucho malestar, frustración y culpa, y afecta en sus relaciones interpersonales, sobre todo en lo que se refiere a la pareja por lo que es muy importante poder pedir ayuda a profesionales especializados, ya que ahorra mucho tiempo y sufrimiento personal y conyugal. Reconocer el problema es el primer gran paso, pero no nos podemos quedar en eso. He trabajado con varias parejas que acudían a psicoterapia cuando había habido disfunciones sexuales desde el principio de su relación, y algunas llevaban más de veinte años juntas. Este aspecto había generado situaciones en las que algunas mujeres se habían sentido forzadas, rechazadas, presionadas, evitadas, no obteniendo ningún placer, y otros hombres se habían sentido evitados, presionados, culpabilizados, etc. Como puede valorarse tras lo anterior ninguno había disfrutado, al revés, y el coste personal y conyugal había sido demasiado.

Tratamiento de las disfunciones sexuales

Cada patología referente a la sexualidad tiene que ser analizada de forma personal y haciendo un análisis exhaustivo de la situación que se está dando en el momento actual y cómo fue originada en el pasado. Los aspectos psicológicos son fundamentales para ser analizados, además de observar si hay algunos factores que pueden estar influyendo; consumo de sustancias, medicación, situación familiar o laboral, etc y por supuesto los físicos. Será fundamental diferenciar el tipo de intervención si es un problema individual de la persona, o si hay una pareja estable donde la intervención entonces tendrá que ser de forma conjunta.

Creemos que el tratamiento farmacológico no es lo prioritario en este tipo de disfunciones, ya que el componente psíquico es clave, pero si fuese necesario se coordinaría para realizar un tratamiento conjunto psicoterapia- farmacología.

En las disfunciones sexuales como la falta de deseo, incapacidad de disfrute, de excitación, etc., debemos recoger en la psicoterapia el análisis del sistema de creencias y de ideas erróneas, la comunicación, la forma de afrontar las dificultades por parte de la pareja, la historia sexual de la persona y de la pareja, las situaciones de estrés vividas, las experiencias sexuales previas, los rasgos de personalidad, etc.

En estos casos se llevará a cabo un trabajo de reestructuración cognitiva, fortalecimiento de habilidades y mecanismos de afrontamiento de las relaciones sexuales como algo placentero. Todo esto será acompañado de una serie de ejercicios que tanto la persona, o la pareja tendrán que poner en práctica favoreciendo un mayor conocimiento personal y un reaprendizaje de la experiencia sexual.

Frecuentemente creemos que el sexo es como comer, que todo el mundo sabe, pero la sexualidad en pareja es cosa de dos personas y conlleva un aprendizaje personal y de la otra persona. Las disfunciones sexuales afectan no solo al que lo vive en primera persona, sino a su pareja. Pretender taparlo, obviarlo o evitarlo es empujar a la relación de pareja a un abismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*