Educar a un hijo

Educar a un hijo puede resultar mucho menos complicado de lo que podemos augurar, pero si lo hacemos negativamente el riesgo es que dar marcha atrás posteriormente resulta muy dificultoso. Lo que no hay que olvidar es que educar, siempre educamos, lo que ocurre es que frecuentemente educamos mal.

Hace unos días una madre se quejaba de que su hijo no respetaba sus normas, que hacía lo que quería y que le ninguneaba y llevaba a insultar. En realidad desde su más tierna infancia este hijo, cuyos padres se habían divorciado, había permanecido inmerso en el conflicto de sus padres y había conseguido todo lo que había querido a nivel material, otra cosa muy distinta es el vacío que tenía  a nivel emocional. Educar a un hijo no es darle todo lo que desee, sino ofrecerle lo que necesita.

Cada padre y/o madre a la hora de educar a un hijo da valor a diferentes cosas:  que estudie, que sepa relacionarse con otros, que sea ambicioso, que sea culto, que gane mucho dinero, que sea feliz, que le guste lo que hace, etc. Según esos criterios va a plantear unas normas o exigencias. Recuerdo a un padre reprender a su hijo muy severamente por haber perdido una competición de natación lo cual ya daba a su hijo una información clara: “para ser valorado, aceptado o querido tengo que ganar en cualquier competición”

Lo que no se nos puede olvidar nunca es que el niño o niña se forma y aprende a partir de lo que vive, de ahí la importancia del  tipo de ambiente en el que se cría.

La educación de un hijo no depende del profesorado o del colegio al que les llevas. Por supuesto que son factores que influyen, pero no se puede delegar la educación de un hijo, que es la base de la socialización de la persona a terceros ajenos.

Aspectos claves de cara a la educación de un hijo serían:

  • Favorecer que el niño o niña se sientan seguros.
  • Procurar que se sienta querido y aceptado por lo que es, no por lo que hace
  • Huir de las amenazas, los castigos y los miedos.
  • Hacer que poco a poco adquiera responsabilidades acordes a su edad y enseñarle a ser independiente. El hacerle todo al hijo favorece una gran confusión y un grado de dependencia que se vuelve en contra del desarrollo personal.
  • Cuando manifieste sus impulsos, no regañarle, comprenderlo y sobre todo reconducirlo sin cerrarse en banda.
  • Evitar conflictos innecesarios, ser tolerantes y saber qué aspectos pueden flexibilizarse y cuáles no.
  • No exigirle mas de lo que puede dar.
  • No compararle con sus hermanos ni con otros niños, evitar en todo momento crearle sentimientos  de inferioridad.
  • Respetar sus sentimientos y tratar de comprenderlos.
  • Contestar sus preguntas sin ridiculizar.
  • Afrontar las dificultades por la que pasa.
  • Interesarse por las cosas que hace aunque al adulto le parezcan insignificantes.
  • Apoyar y potenciar su sociabilidad y su integración con los demás.
  • Favorecer y facilitarle todos los instrumentos que necesita para su progreso y maduración.
  • Ayudarle a que descubra su propia identidad.
  • Tener en cuenta que un niño es un niño y no un adulto en miniatura por lo que hay que pedirle cosas acordes a su edad.
  • Dar unas normas que sean pocas, claras y firmes.

Hace poco en consulta acudía una familia cuya situación económica social es muy favorable. Sus hijos de diez años asistían a un centro educativo con gran reputación, y sin embargo los menores se comportaban de forma salvaje, sobre todo dentro del hogar; exigían a sus padres que les dejasen el móvil, no obedecían, no estudiaban y hacían lo que querían. Estos padres se habían quitado ellos mismos tiempo atrás la oportunidad de educar a los hijos, de prepararles a nivel social para una serie de circunstancias a las que es necesario adaptarse.

Favorecer que niños y niñas sean caprichosos, tiranos, exigentes, prepotentes es empujarles al fracaso personal más absoluto. Es alimentar en ellos un sentimiento de exigencia hacia los demás e infelicidad que no conlleva más que malestar y desasosiego.

Educar a un hijo debería conllevar inherentemente responsabilidad hacia el saber que un hijo va a necesitar límites y afecto. Afecto para sentirse capaz de conseguir las cosas, de tener una visión realista de sí mismo conociendo sus recursos y sus limitaciones, pero también de asumir que hay aspectos que no va a poder hacer, y que si lo hace va a tener unas consecuencias, de ahí los límites. Educar a un hijo es prepararle para que sea capaz de caminar autónomamente, no desde la tiranía, exigencia, prepotencia que muchas veces esconde una identidad muy débil, sino es que se conozca y que reconozca a los demás, sus necesidades, virtudes y limitaciones.

Por ello educar a un hijo es poder ayudarle a convertirse en un ser maduro, satisfecho consigo mismo e integrado en el mundo que le toca vivir conociendo sus recursos y limitaciones y pensando también en las personas de alrededor para poder construir un mundo emocional y mentalmente más sano.

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