Violación, solo hay un culpable, el que viola

Violación, solo hay un culpable, el que viola

En una violacion el culpable siempre es quien se aprovecha de una situación de poder para agredir sexualmente al otro.

En muchas guerras se ha utilizado la violación a las mujeres de los enemigos como una manera de humillar, dañar y “marcar” al otro.

Es un acto profundamente reprobable, dañino y repugnante. Es el maltrato más dañino que hay, porque no sólo es físico y psicológico, sino existencial, dañando toda la estructura personal y la identidad.

Nadie puede justificar una violación y menos opinar, cuestionar o culpar a la víctima, aspecto que resulta humanamente miserable, porque la persona que sufre una violación, por desgracia, suele avergonzarse de lo sucedido, considerando que también fue culpable de lo que sucedió, aspecto que tenemos que trabajar mucho en la terapia, y que resulta enormemente difícil.

“Que si es del bando enemigo, que si iba bebida, que si llevaba ropa que provocaba, que si bailaba seductoramente, que si decía no pero realmente quería decir sí, etc” son argumentaciones ridículas frente a una agresión donde se ejerce un abuso de fuerza a través de someter y humillar sexualmente al otro, dañando profundamente a esa persona.

El perfil psicológico del violador no es único y en absoluto tiene por qué ser el de una persona marginada o que presente una enfermedad mental. Rasgos de psicopatía frecuentemente se dan, ausencia de sentimientos hacia los otros, no reconociendo a la otra persona como alguien respetable y considerando que su placer está por delante de los sentimientos o deseos de la otra persona.Individuos que se sienten y se creen que están por encima de los demás,  que los otros son meros objetos, y que pueden usarlos para su placer, con capacidad de autocontrol limitada son parte de los rasgos de personalidad que nos podemos encontrar en un violador.

La violación hiere profundamente y traumatiza de muchas maneras. He atendido durante casi veinte años en muchas ocasiones a personas, principalmente mujeres, que habían sufrido violaciones y ninguna pasaba por ese hecho como que no le había afectado o dañado.
La última, una mujer de cuarenta años, con su vida laboral y familiar supuestamente estructurada, verbalizaba con gran drama  y dolor una violación sufrida veinte años atrás, que le había marcado su manera de ver la realidad, a los demás y a ella misma.

Una violación es un trauma que como señalaba anteriormente podrá o no apreciarse exteriormente, pero está.
La mayor parte de las personas que han sufrido una violación viven lo ocurrido con vergüenza, como si en lo sucedido ellas hubiesen tenido algún tipo de poder o control para pararlo o que no se diese. Es parte necesaria del tratamiento psicológico la necesidad de abordar la vergüenza, ya que ésta acaba favoreciendo que la víctima se vea también culpable sobre lo sucedido, no lo hable, ni tampoco denuncie.
Que la persona pueda seguir medianamente su vida no significa que no esté dañada o que no sea un delito lo que ha sucedido. 
Por tanto en una violación no se puede NUNCA juzgar a la víctima y menos revictimizarla a través de tener que contar su testimonio una y otra vez,  de exponerla a los medios, etc. Eso retraumatiza y agranda la herida personal y confunde mucho psicológicamente.
Una violación, como la producida en Pamplona, que estas semanas inunda las redes y los medios de comunicación genera que la vergüenza en la víctima se agrande, y la vergüenza acaba quitando responsabilidad al agresor frente a la víctima. 
Sólo hay una serie de responsables que debe avergonzarse, el que comete una violación que es el mayor culpable y los que la callan o la justifican.

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