Colecho pros y contras

Colecho pros y contras

Blanca tiene cuarenta años, dos hijos de nueve y doce años. Se separó hace siete y vive con sus hijos en un piso de tres habitaciones. Una de las habitaciones no la utiliza y otra frecuentemente por la noche permanece vacía, ya que Blanca practica el colecho con sus hijos. Estos frecuentemente discuten entre ellos sobre quién duerme con la madre, ya que ahora los tres no caben en la misma cama.

De separar a los hijos de la cercanía de la figura de apego demasiado pronto a tenerlos durmiendo en la misma cama que los padres durante años hay una gran diferencia.
La cercanía del bebé a la figura de apego y protección favorece la seguridad del menor en el primer año de vida pero para lograrlo no es imprescindible el colecho atemporal. La corporalidad y el contacto son aspectos básicos para la construcción de una identidad segura, y relajada pero ello se puede lograr con mochilas o similares que favorezcan ese contacto, pero el colecho permanente bloquea aspectos evolutivos de la familia. Primero porque el bebé que poco a poco se desarrolla tiene que ir instaurando sus herramientas propias a la hora de dormir, calmarse y autoregularse.
Segundo porque en numerosas ocasiones las necesidades de colecho son más de los adultos que de los menores; la necesidad de contacto, de cercanía, de afecto, de “calor” son aspectos que los adultos podemos tener y que proyectamos en los más pequeños, vamos que frecuentemente las dependencias y los miedos son de los adultos, y no e los niños.
La cama de los adultos es para dormir o para tener relaciones sexuales y cuando se practica el colecho de forma constante hay aspectos familiares que se quedan bloqueados y que son necesarios.
Por un lado, y de los aspectos más importantes, es que la pareja queda relegada, de forma física y psicológica ya que el niño o niña se sitúa en medio de la pareja y la distancia en ésta se incrementa perdiéndose los espacios de intimidad.
Si la llegada de un hijo supone una de las crisis vitales más severas, el colecho como norma implica que no podamos superar esa etapa y que la pareja se vea todavía más afectada y relegada de forma continua.
Otra cuestión es que los partidarios del colecho señalan que con éste no se favorece la dependencia. Mi opinión es que como señalaba anteriormente es probable que se dé una confusión respecto a los roles familiares y que no se fomente la diferenciación., lo cual favorece que las personas vayan en bloque y no se favorezca la autonomía de cada miembro de la familia, sean adultos o infantes.
El colecho puede estar de moda, pero eso no significa que sea lo más adecuado. Cuando somos padres, y más si somos primerizos, nos agarramos a cualquier aspecto que nos señalan, pero hay que ir más allá. En consulta no es infrecuente ver familias que se han quedado paralizadas en un momento de su vida y que siguen practicando el colecho, existiendo una gran confusión entre los roles de cada uno. Es un aspecto que para mí refleja un aspecto familiar disfuncional, sobre todo me refiero a colechos mantenidos en el tiempo y donde no se ha fomentado la autonomía y crecimiento del hijo. El niño tiene que aprender a tener autonomía para dormirse y mantenerlo en el tiempo, a pedir ayuda de forma puntual.
Cercanía física, contacto, atención, cariño, estabilidad, límites, sí, desjerarquización, falta de límites, no diferenciación entre el plano de adultos y el de menores no. Colecho, ni imprescindible ni atemporal.

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