Emociones, todas necesarias

 

A las emociones frecuentemente se las teme. Nos sentimos esclavos de las mismas sin poder de decisión de qué hacer con ellas. Las emociones, bueno en realidad la palabra emoción, proviene del latín emotivo, que implica movimiento o impulso. En realidad las emociones funcionan para hacernos actuar de determinada manera frente a una circunstancia específica.

Emociones como la culpa, la vergüenza, la alegría o bienestar, el miedo, la tristeza son mecanismos adaptativos que tenemos ante situaciones de nuestra vida y que están y funcionan para protegernos. Pero en realidad muchas veces sucede todo lo contrario y por experiencias tanto vivenciales como interpretativas podemos acabar teniendo determinadas emociones de forma muy desadaptativa. 

Una paciente me comentaba cómo cuando veía a su suegra las emociones que le invadían eran la rabia, el enfado y el malestar, aspecto que ella sentía que escapaba de su control y no podía manejar conscientemente, acarreándole muchos problemas de pareja. Las emociones surgen sin filtro y sin aparente capacidad de control sobre ellas.

 Imaginemos que nos acaba dando una parte de nuestra realidad miedo: el trabajo, los espacios cerrados, las relaciones con los demás, etc, lo cual provoca que la persona pueda estar en una constante activación, ansiedad o desarrolle fobias. Esto no sería sano, ya que la vida de la persona se vería muy condicionada y limitada por este aspecto, sin poder desarrollarla con normalidad.

Por supuesto el miedo sería lógico y sano si una persona por ejemplo, sufre un accidente de trafico y se queda encerrada hasta que la pueden rescatar. Al activarse el miedo la persona estaría alerta de que le pudiesen auxiliar. Sí después de ese hecho la persona siente que cada vez que ve un coche sufre miedo, ansiedad (emoción), pensando que esta en peligro y lo que hace es no volver a montarse en un coche, estaríamos hablando de que se ha relacionado una experiencia traumática vinculada a determinada emoción de gran intensidad de miedo con situaciones con las que se ha conectado ese suceso, por ejemplo los coches, y ahí se requeriría de trabajar a nivel psicoterapia, ya que en ese caso la emoción bloquea a la persona y le limita.

Las emociones están vinculadas con experiencias vividas en el pasado de las que somos mayoritariamente inconscientes. 

Cuando la persona siente que sus emociones, pensamientos y lo que hace escapan a su control es necesario pedir ayuda profesional.

El huir de las emociones no sirve, al revés. Tampoco lo hace el enfadarse o ponerse más ansioso por sentir determinada emoción, aspecto que frecuentemente veo en la consulta. El conocer y reconocer las emociones son claves, pero también investigar de donde vienen, cómo se activan y con qué están relacionadas.

En resumen todas las emociones son necesarias y son aspectos básicos que marcan nuestra psicología. Lo importante es que nos sirvan para adaptarnos mejor al contexto en el que vivimos y no todo lo contrario.

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